UNA APLICACIÓN CON FUTURO

7 ENERO 2017

Al paso que avanza la ciencia, ya dudo de que en el futuro pueda haber algo que no se pueda conseguir con una aplicación de móvil. Realmente, hay apps para todo, algunas de lo más curioso. Por ejemplo, hay una que te avisa del mejor momento para ir a hacer pipí cuando estás viendo una película (palabra de honor), y otra que únicamente sirve para competir con otros usuarios para ver quién aguanta más rato pulsando la pantalla de su móvil (tal como os lo cuento). Desde luego, ver para creer, y para gustos, colores. Aunque a mí, lo que me alucina de verdad, es que a alguien se le puedan ocurrir estas ideas y, no en menor grado, que consigan tantas descargas como logran.

Una aplicación que – al menos, que yo sepa – todavía no existe y a la que le auguraría un éxito extraordinario sería una que pudiese detectar cuándo nos vamos a arrepentir en el futuro de lo que estamos haciendo en el presente. Y que nos avisara. ¿Os imagináis esto en manos de nuestros hijos? Desgraciadamente, mucho me temo que harían mil veces más caso a la app que no a nuestra propia advertencia…

Esto lo digo porque supongo que a much@s os pasará como a mí y, cuando veis crecer a vuestros hijos, no podéis dejar de ver cómo cometen algunos de los mismos errores que nosotros ya hemos cometido anteriormente. No me refiero tanto a los errores que cometen –y seguirán cometiendo – por despreciar la experiencia de los mayores – que también –, sino a otros que, cuando quieran corregir, puede que sea ya demasiado tarde.

Imagino que a los que tengáis hijos que estén pasando o hayan pasado ya la adolescencia, os sonarán frases como “eso era antes”, “eran otros tiempos”, “ahora no es así”, “¡tú qué sabes!”, etc. Son frases imagino que ancestrales, martilleantes y cotidianas, que, como el apellido, pasan indefectiblemente de generación en generación. ¿O no os acordáis de cuando se las decíamos nosotros a nuestros padres? ¡Qué iban a saber ellos, si tenían ya más de cuarenta años! Difícilmente podíamos aceptar un consejo suyo, porque, aunque bien intencionado, no sabían “tanto como nosotros” de lo que estaban hablando. El desprecio a la experiencia, como muchos otros, es un error inherente a la juventud, que se va corrigiendo con los años, de forma paulatina, aunque progresiva.

Como padre, me frustra ver cómo mis hijos están cayendo en idénticos errores a los que yo cometí, y adivinar que, cuando sean mayores, se arrepentirán de haberlos cometido, igual que lo he hecho yo. En realidad, me frustra no saber ayudarles, no poder convencerles de que yo ya he pasado por ahí y de que es mejor salir ahora del error que arrepentirse más adelante. Pero, claro… ¡qué voy a saber yo! ¿Por qué habrían de hacerme caso?

Yo entiendo como algo natural, inherente al ser humano, que el amor que los padres sentimos por nuestros hijos es distinto en intensidad, al que éstos sienten por nosotros. Así hay que aceptarlo. Es otra de las cosas que nos resistimos a reconocer cuando somos jóvenes y que sólo descubrimos cuando somos padres. Los hijos nos pueden querer mucho, incluso muchísimo; pero su amor es distinto. Nosotros no podemos hacer nada frente a ello, y únicamente nos queda tirar una vez más de esa otra frase, igualmente machacona y recurrente, que ellos tanto odian: “ya lo entenderás cuando seas mayor” (en este caso, si se da, cuando seas padre).

En mi caso, uno de los errores de los que más me arrepiento ahora es no haber pasado más tiempo con mis padres. Cuando mi padre murió, hace ya casi catorce años, empecé a darme cuenta de lo injusto que había sido con él, del poco tiempo que le había dedicado, del poco reconocimiento que le daba a sus numerosos e importantes logros en la vida – que, en cambio, otros muchos sí valoraban debidamente – y de lo mal que me porté con él en tantísimas ocasiones, especialmente en mi juventud. Valoraba lo de fuera, pero no lo que tenía a mi lado. No daba importancia a hechos que, si el autor hubiera sido otro y no mi padre, me hubieran causado admiración. Y, no obstante todo ello, nunca me lo tuvo en cuenta.

Ahora, claro, me arrepiento enormemente de ello; pero ya es demasiado tarde: cuando me hubiera gustado rectificar, ya no tuve la posibilidad.

Aprendí y decidí que eso no me pasaría con mi madre, así que incrementé mi contacto con ella, mis visitas, mis llamadas, mi relación… Al menos con ella, el error lo he podido corregir a tiempo.

Veo a mis hijos pasando por lugares por los que yo ya pasé a su edad; es como si fuera una película que yo ya he visto, de la que conozco su final. Pero, por mucho que se lo cuente, ellos creen que lo que están viendo es una especie de remake, una nueva versión, que puede que tenga otro final. Será ley de vida, pero no puedo evitar la frustración, tirarme de los pelos (en sentido figurado, evidentemente).

No sé cómo hacerlo, cómo podría lograr convencerles de que, en según qué cosas, deberían detenerse, girar, volver atrás y tomar otro camino. Me faltan la sabiduría y la habilidad necesarias. Quizás les lleve a alguna conferencia que pueda dar algún colega en la que se aborde este tema. Seguro que surtirá mil veces más efecto lo que oigan de boca de otro que lo que les pueda decir yo, aunque las palabras sean las mismas. Desgraciadamente, lo sé por experiencia; tal vez este error sea genético…

Y si no, siempre me queda esperar a que alguien invente una app que lo consiga.

8 comentarios para "UNA APLICACIÓN CON FUTURO"

  1. Inés Puig Sans - 7 enero, 2017 (8:41 pm)

    Fantástico Sebas…. cuanta verdad. Difícil que los adolescentes entiendan que lo hacemos «de buena fe» y «por SU bien» en esta edad parece que los padres sólo estamos para llevar la contraria.
    Y en cuanto a pasar más tiempo con nuestros padres, tienes toda la razón. Por suerte aún puedo disfrutar de mi padre y mi madre y desde hace poco no dejo pasar ni una oportunidad de estar con ellos… una comida, una cena, un fin de semana…. cualquier oportunidad para agradecer todo el tiempo y los sacrificios que ellos hicieron por mi.

    1. Sebas Lorente - 7 enero, 2017 (10:09 pm)

      Gracias, Inés. Me alegro de que te haya gustado! 🙂 La verdad es que sí; es una pena que tardemos tanto en darnos cuenta y que lo que nosotros ahora vemos tan claro, los jóvenes no puedan ver con la misma claridad. Y es difícil convencerlos de que crean en lo que no ven…

  2. Albert - 8 enero, 2017 (1:07 pm)

    Boníssim Sebas!!!. Quan intento parlar amb els meus fills…..em perdo i em sento impotent.
    Gràcies per les teves reflexions.

    1. Sebas Lorente - 8 enero, 2017 (1:29 pm)

      Gràcies, Albert. Celebro que t’agradi! 🙂 Sembla mentida que això es repeteixi de generació en generació. És com un forat pel qual tu ja has caigut abans, tot i que els nostres pares ja ens van dir on era; i que ara li diem als nostres fills que vigilin de no caure i… com si res!

  3. jaume vidilla pla. - 8 enero, 2017 (3:02 pm)

    Sebas. estic mes que convençut del penediment per no paralar mes amb el teu pare,i mes tenin en compte que era una persona magnifica,els que com jo varem tindre la sort de coneixel ho afirmem, desgraciadament,. els fills tenim aquest problema.

    1. Sebas Lorente - 8 enero, 2017 (3:57 pm)

      Gràcies, Jaume. Els teus elogis envers el meu pare m’omplen d’orgull! 🙂

  4. François André - 8 enero, 2017 (3:13 pm)

    Hola Sebastián !
    Ante todo feliz año !
    En referencia a los adolescentes, lo has clavado.
    La sensación de impotencia y de frustración es total, pero aparentemente es lo que hay y poco se puede hacer más que hablar, hablar y hablar.
    No perder la fe en que tarde o temprano acabarán por entender el sentido de nuestras palabras !
    Siempre ha sido así y parece que siempre lo será.
    Paciencia, amor y flexibilidad…
    En referencia a los padres, es evidente que los nuevos modelos de vida, las crisis económicas, el egoísmo y esta sociedad materialista han cambiado por completo nuestras relaciones humanas.
    La presión exterior, el paro en particular, hace que vivimos en la angustia permanente de no poder pagar lo básico de nuestra vida. Eso ha transformado completamente nuestra visión de la vida.
    La pérdida de la fe en cualquiera ideología no ayuda en nada nuestras vidas.
    Hemos perdido de vista en menos de 30 años todos los valores fundamentales que regían nuestras vidas en casi todos los ámbitos.
    La solución no la tengo (lastimadamente), pero la experiencia no me la quita nadie.
    Así que, no hay que desesperarse porque la vida sigue y nosotros somos parte de ella.
    Ánimo y un cálido abrazo !

    1. Sebas Lorente - 8 enero, 2017 (4:05 pm)

      Gracias por tu comentario, François. Estoy muy de acuerdo en lo que dices; pero seguro que hace 30 años no lo estaría tanto… En cualquier caso, como bien apuntas, no debemos rendirnos, pues nuestras palabras, algunas de ellas al menos, estoy seguro de que terminarán calando en nuestros hijos en algún momento, tal y como lo hicieron las de nuestros padres con nosotros. Un saludo!

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