Lecciones_de_vida

Lecciones de vida

14 MARZO 2016

Qué va, qué va… ¡Que no van por ahí los tiros! Que yo no doy “lecciones de vida” a nadie, ni lo intento tampoco. Sería demasiado presuntuoso creerme con esa capacidad, y te puedo asegurar que no es así. En todo caso, sería al contrario: recibo lecciones de vida. Las recibo casi a diario observando la actitud de las personas; las recibo en sentido positivo y también en sentido negativo, siendo todas ellas igual de valiosas para mí.

Lo que yo hago es observar, fijarme, reflexionar y tratar de aprender. Predico que todos tenemos capacidad para mejorar y creo firmemente en el desarrollo personal de las personas; pero yo soy el primero en aplicarme el cuento. En mis escritos, salvo en casos anecdóticos, no hablo de mí, sino de aspiraciones; de cómo me gustaría ser y cómo no me gustaría; hablo de lo que considero virtudes y de lo que considero defectos; virtudes y defectos que he reconocido en otras personas y en mí mismo, que me han llamado la atención y que soy el primero en querer para mí (en el caso de las virtudes) o en querer evitar (en el de los defectos). Pero de dar lecciones de vida, nada de nada. ¡Dios me libre!

A partir de ahí, lo único que pretendo es compartir. Con mayor o menor acierto, pero con la mejor de las voluntades, trato de transmitir mis reflexiones, mis conclusiones. Trato de comunicar – y me encanta hacerlo – a través de mi blog, de las redes sociales y de mis conferencias. Y la sola posibilidad de que, quizás, lo que escribo pueda llegar a ser de ayuda para alguien – como lo ha sido para mí – ya me motiva. Hasta ahí, pero no más lejos, llega mi presuntuosidad: pensar que puedo ser de ayuda. La satisfacción que me produce cada “like”, cada comentario y cada vez que alguien comparte mis escritos te aseguro que es mucha, porque me hace creer que el artículo ha cumplido su objetivo.

Mi lista de cosas a corregir es tan larga como la de cualquiera o más; y, como creo que no sirve de nada simplemente detectar en uno mismo el defecto (eso es muy fácil), sino que lo que procede es ponerse manos a la obra para cuando menos pulirlo, pues en esas estamos: aplicándome el cuento por un lado, y recomendando a los demás que también lo hagan, por otro.

Entiendo que mejorar requiere un proceso consistente en:

  1. Detectar el aspecto a mejorar.
  2. Querer REALMENTE (no de boquilla) hacerlo.
  3. Trabajar duro hasta conseguirlo.

Lo primero, es relativamente fácil; lo segundo y lo tercero es ya más complicado, aunque, en realidad, he descubierto que sólo requiere de una buena dosis de determinación. Muy buena, eso sí. Extraordinaria.

Por eso, querido amigo, permíteme que discrepe: yo no puedo dar lecciones de vida a nadie, tengo demasiado camino por delante para mejorar. Si te digo la verdad… ¡hasta considero un halago que me puedas ver capaz de dar “lecciones de vida”! Pero te aseguro que ni es la intención, ni me creo capaz. Soy mucho, pero mucho más alumno que profesor. ¡Me valoras demasiado!

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