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Ventajas de ir al trabajo en «modo contento»

18 FEBRERO 2016

 

Suena el despertador. Desperezarse, ducha, aseo, desayuno y… ¡al trabajo! Poco más o menos, esta es la rutina diaria de la mayoría de la gente que tiene (la suerte de tener) un trabajo. Unos se levantarán de buen humor y otros no tanto, pero eso no me importa ahora. Hoy quiero centrarme en el estado de ánimo que tenemos sólo un poco más tarde, cuando llegamos a nuestro trabajo.

No es discutible que el estar de buen humor sólo presenta ventajas frente al estado contrario. En todos los ámbitos: el familiar, el laboral y en las relaciones con los demás. Incluso en el plano egoísta, te sientes mucho mejor cuando estás de buen humor que cuando no. Esto es obvio, como lo es también que hay personas más risueñas que otras, simplemente por su naturaleza o carácter.

La gente que no tiene la suerte de despertarse ya contenta, dispone de un buen rato para intentar reconducir su estado hasta que llega al trabajo: mientras se ducha, mientras desayuna, mientras se desplaza hasta él, etc. Los que, en cambio, ya se despiertan de buen rollito, lo tienen mucho más fácil. Pero, en cualquier caso, lo importante es intentar llegar de buen humor al trabajo. ¿Por qué? Ya lo he apuntado antes, pero ahora voy a desarrollarlo.

En la inmensa mayoría de trabajos, tienes relación con otras personas: compañeros, empleados, jefes, público, proveedores, clientes… Y no es ningún secreto que las personas somos mucho más receptivas con alguien afable y carialegre que no con alguien que parece que venga de enterrar al gato. Pero es que, además, el malhumor ajeno se combate fácilmente: sonrisas, gestos, saludos agradables, unas palabras adecuadas… todo ello ayuda a desarmar a quien se ha dejado la sonrisa en casa: es el poderoso “efecto contagio” del buen humor, que, en cambio, no se da en el sentido opuesto (cuando alguien está de mal humor, tú no te contagias: simplemente te apartas de él – si puedes hacerlo – y esperas a que se le pase).

Y vinculado a ello, está el tema de la productividad. Está más que demostrada la relación que existe entre el buen ambiente en el trabajo y la productividad de la empresa. Un equipo motivado (lo que exige buen ambiente en el mismo) tiene mayores índices de éxito que un equipo desmotivado.

De hecho, sólo existen ventajas en un buen clima laboral. Si separáramos en un cuadro las consecuencias de llegar al trabajo de buen humor o de mal humor, la cosa quedaría más o menos así: 

BUEN HUMOR

MAL HUMMOR

Provocas empatía

Provocas rechazo

Favoreces el buen clima laboral

Favoreces el aislamiento

Invitas a la amabilidad

No invitas a que la gente quiera ayudarte

Favoreces el trabajo en equipo

Favoreces tu individualismo

Tendencia a la satisfacción

Tendencia a la queja

Perdonas los errores con mayor facilidad

A la mínima aparece el reproche a los demás

Llamarás la atención positivamente

Llamarás la atención negativamente

Por eso, creo que llegar YA de buen humor al trabajo es muy importante; y creo que quien no tenga la suerte (la GRAN suerte: eso no depende de nosotros) de amanecer ya contento, debe intentar cambiar esa onda negativa lo antes posible, y siempre antes de llegar a su trabajo. Y se pueden utilizar para ello mil pequeños trucos (por ejemplo, algo tan sencillo como releer un whatsapp, ver un vídeo o escuchar un audio que ya nos hayan hecho reír anteriormente). Márcate como objetivo reírte cada día (o simplemente sonreír) al menos una vez antes de entrar en el trabajo, antes de empezar tu relación con los demás. Aunque sea internamente. Y usa cualquier medio para ello, que los hay a raudales. Simplemente, recuerda algo que te haya hecho reír, fíjate si es sencillo. ¿O es que no nos hemos reído nunca?

Pues eso… ¡a ponernos cada día en “modo contento” lo antes posible, y siempre antes de llegar al trabajo! ¿Qué motivo podría haber para no intentarlo?

 

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