El secreto del equipo

19 NOVIEMBRE 2015

La semana pasada estuve en Madrid grabando para ADN Max, el nuevo programa de Xavier Sardá, que se emite en la cadena Discovery Max (si queréis ver el programa, se emite este próximo domingo, a las 22.30). No conocía personalmente a Xavier, y me resultó una persona cercana y agradable, a la vez que divertida. Lo mismo puedo decir de otros integrantes del programa, como Martina Klein, Sergi Mas, Pablo Herreros o Pablo Jáuregui, por no citarlos a todos. La verdad, es que nos lo pasamos muy bien.

El equipo lo forman también “los que no se ven”: el equipo de producción, dirección, técnicos, redacción, guionistas, etc. Cada equipo tiene delimitadas sus funciones, que desempeñan de forma independiente pero perfectamente coordinada. Se veía el trabajo de un equipo, no el de grupos independientes trabajando para un objetivo común. Me dio la impresión de que las causas por las que yo veía un único equipo trabajando, y no diferentes departamentos, cada uno con su propio cometido independiente, eran la ilusión por sacar un proyecto adelante (el nuevo programa) y, sobre todo, el buen rollo que podía respirarse en el ambiente: no había actores principales y secundarios, y cada uno era consciente de la importancia del papel de su vecino. Cada detalle era esencial, y cada grupo se encargaba de que los pequeños detalles que eran de su competencia, funcionasen.

Los productores del programa (Pablo Motos y Jorge Salvador) son los mismos que los del que, probablemente, sea el programa más exitoso de la actual parrilla televisiva desde hace años: El Hormiguero. Como los equipos de ADN Max y El Hormiguero comparten espacio de trabajo, y los platós de uno y otro programa están uno al lado del otro, Jorge me enseñó el plató de El Hormiguero, la redacción, instalaciones, etc.; me presentó a Pablo Motos y a varios miembros del equipo de El Hormiguero y, cómo no, ¡a Trancas y Barrancas!

Me estuvo explicando que, sólo en El Hormiguero, trabajan más de 110 personas y me contó mil anécdotas. Realmente, era impresionante ver ese monstruo televisivo en funcionamiento y cómo todas las piezas estaban en constante movimiento, simultáneamente, pero aparentemente sin conexión. Pero la realidad es todo lo contrario, al final de la jornada, a medida que se acerca la hora de emisión del programa, todas las piezas se van ensamblando, como hormigas que se recogen en su hormiguero, y la meramente aparente desconexión se convierte en una conexión total.

Claro que hay trabajo ahí: horas, horas y más horas. Pero me volvió a dar la impresión de que buena parte del éxito – máximo – del programa, se debía en buena parte al mismo buen rollo que se respiraba en ese equipo de trabajo, el mismo que había respirado en el de ADN Max.

No debe ser fácil saber escoger un equipo. Quizás ahí radique la dificultad y el mérito. Pero es evidente que un buen equipo, que sepa dejar de lado egoísmos personales, pensar en el colectivo y en la empresa común, te puede llevar en volandas hacia el éxito de tu empresa. Siempre lo he creído así. En el mundo del deporte colectivo, los ejemplos son innumerables; por eso sé que no estoy descubriendo nada. Pero comprobar como “algo” tan grande como El Hormiguero funciona tan bien desde la sencillez, la humildad y desde el reconocimiento que cada miembro del equipo hace de la labor de los otros miembros, sea cual sea su papel, me han animado a escribir sobre ello y a destacar que, cuando se juega en equipo, el individuo ha se saber relegarse a un segundo plano, si quiere alcanzar las más altas metas.

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