¿Cómo están tus sacos?

1 OCTUBRE 2015

Siempre he tenido una especial debilidad por diferenciar a las personas entre aquellas a las que molestas menos cuando les pides que te hagan un favor y aquellas otras a las que prefieres no pedírselo –  aunque te lo fueran a hacer igual – porque sabes que les supone una mayor incomodidad.

No se trata de si unas son mejores que otras (aunque generalmente, las primeras suelen ser muy “buena gente”, como dicen los andaluces). Simplemente, es una característica que cada persona lleva dentro de sí, en su ADN: hay gente que disfruta ayudando y gente a la que le supone un fastidio tener que hacerlo.

Esto viene a colación porque “ayudar” es un verbo que claramente yo coloco en el “saco de lo positivo”. Me explico: en mis conferencias, suelo utilizar una metáfora: digo que todos tenemos dos sacos: el de lo positivo y el de lo negativo. En el primero metemos todos aquellos conceptos que guardan una connotación inequívocamente positiva. Por ejemplo, conceptos como felicidad, amabilidad, respeto, humildad, honradez o generosidad, van sin duda en el saco de lo positivo.

Por el contrario, en el saco de lo negativo metemos todo lo que conlleve connotación negativa: violencia, odio, rencor, envidia, hipocresía, falsedad, egoísmo, traición, etc.

El truco para saber si algo va en un saco o en otro es bien sencillo: imagínate que estás en un concurso televisivo y te van soltando los conceptos uno a uno y los tienes que destinar a uno u otro saco a gran velocidad. Tu cerebro te dirá lo que es positivo y lo que es negativo de forma instantánea e indubitada. Te equivocarás muy poco.

Sí que es cierto que existen materias o conceptos que son dudosos de ir en un saco o en otro: por ejemplo (a mi entender), el materialismo, la ambición, el activismo… Ahí cada uno debe decidir por sí mismo lo que mejor considere.

Pienso que si queremos mejorar como personas es una obligación nuestra intentar vaciar en lo posible el saco de lo negativo y, en contraposición, llenar el de lo positivo. Casi todo lo que sale del primero, entra – procesado y transformado – en el segundo de los sacos.

Por supuesto que no es algo fácil, ni mucho menos. Una persona rencorosa no se va a convertir de un día a otro en una persona con tendencia a perdonar, a olvidar (de verdad, de corazón) una herida abierta. Pero sí puede mentalizarse de que QUIERE dejar de ser rencorosa y trabajar en ello poco a poco, día a día, y utilizar esa herramienta tan valiosa de la que no me canso de hablar – el esfuerzo –, para intentar ser cada vez un poquito MENOS rencorosa y llegar un día a poder sacar el rencor de su saco de lo negativo. Y el rencor sólo es un ejemplo. La idea es aplicable a todo lo que tengamos allí dentro: ¿sabemos que el rencor es malo y está en nuestro saco? ¡Vamos a intentar sacarlo! ¿Sabemos que la humildad es buena y no está en nuestro saco? ¡Vamos a intentar que entre!

Creedme si os digo que la labor es muy satisfactoria. Yo la practico y os puedo dar fe.

Un comentario para "¿Cómo están tus sacos?"

  1. Pedro Miret - 2 octubre, 2015 (8:31 pm)

    Mucha razón. Fantástico!

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